Crónicas marcianas es un conjunto de relatos inconexos en los que Ray Bradbury narra la colonización de Marte. De todos ellos “La tercera expedición” me ha parecido siempre la historia más impactante…
Tras llegar a Marte, la nave aterriza en un extraño pueblo: geranios, casas de ladrillo rojo, música…La tripulación – sorprendida – intenta encontrar alguna explicación a todo lo que les rodea: ¿Han sobrevivido los miembros de alguna expedición anterior? ¿Hay pautas similares de ideas en los distintos planetas? ¿Es una obra divina? ¿Los tripulantes de alguna expedición secreta se instalaron en marte a principios de siglo?
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El capitán y dos hombres deciden bajar de la nave y entablar contacto con algún habitante.
“es Green Bluff, Illinois, en el continente americano, entre el océano Pacífico y el océano Atlántico”
“¿En qué año estamos?”
“En mil novecientos veintiséis, por supuesto – contestó la mujer.”
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“¡Abuelo! ¡Abuela! – gritaba Lustig.” “¿Desde cuándo estáis aquí, abuela? – preguntó Lustig.”
“Desde que nos morimos – replicó la mujer.” “Sólo sabemos que estamos aquí, vivos otra vez, y no hacemos preguntas. Una, segunda oportunidad.”
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Todos los tripulantes abandonan la nave al comenzar a ver a sus seres queridos y deciden pasar esa noche en las casas de sus familiares. Ya en la cama, el capitán empieza a dudar…
“¿Quién había vivido aquí hacía mil años en Marte? ¿Marcianos? ¿O había sido siempre como ahora? Marcianos. El capitán repitió la palabra ociosamente, interiormente. Casi se echó a reír en voz alta. De pronto se le había ocurrido la más ridícula de las teorías. Se estremeció. Por supuesto, no tenía ningún sentido. Era muy improbable. Estúpida. Olvídala. Es ridícula.”
“Sin embargo – pensó -, supongamos… Supongamos que Marte esté habitado por marcianos que vieron llegar nuestra nave y nos vieron dentro y nos odiaron. Supongamos ahora, sólo como algo terrible, que quisieran destruir a esos invasores indeseables, y del modo más inteligente, tomándonos desprevenidos. Bien, ¿qué arma podrían usar los marcianos contra las armas atómicas de los terrestres?”
“La respuesta era interesante. Telepatía, hipnosis, memoria e imaginación.”
“Supongamos que ninguna de estas casas sea real, que esta cama no sea real sino un invento de mi propia imaginación, materializada por los poderes telepáticos e hipnóticos de los marcianos – pensó el capitán John Black -. Supongamos que estas casas tengan realmente otra forma, una forma marciana, y que conociendo mis deseos y mis anhelos, estos marcianos hayan hecho que se parezcan a mi viejo pueblo y mi vieja casa, para que yo no sospeche. ¿Qué mejor modo de engañar a un hombre que utilizar a sus padres como cebo?”
“¿Y si los marcianos hubieran sacado este pueblo de los recuerdos de mi mente? Y después de construir el pueblo, sacándolo de mi mente, ¡lo poblaron con las gentes más queridas, sacándolas de las mentes de los tripulantes!”
“Y supongamos que esa pareja que duerme en la habitación contigua no sea mi padre y mi madre, sino dos marcianos increíblemente hábiles y capaces de mantenerme todo el tiempo en un sueño hipnótico.”
“Primero, engañar a Lustig, después a Hinkston, y después reunir una muchedumbre; y todos los hombres del cohete, como es natural, desobedecen las órdenes y abandonan la nave al ver a madres, tías,. tíos y novias, muertos hace diez, veinte años. ¿Qué más natural? ¿Qué más inocente? ¿Qué más sencillo?”
“Y aquí estamos todos esta noche, en distintas casas, distintas camas, sin armas que nos protejan. Y el cohete vacío a la luz de la luna. ¿Y no sería espantoso Y terrible descubrir que todo esto es parte de un inteligente plan de los marcianos para dividirnos y vencernos, y matarnos?”
“Le temblaban las manos bajo las mantas. Tenía el cuerpo helado. De pronto la teoría no fue una teoría. De pronto tuvo mucho miedo. Se incorporó en la cama y escuchó. Todo estaba en silencio. La música había cesado. El viento había muerto. Su hermano dormía junto a él.”
“Levantó con mucho cuidado las mantas y salió de la cama. Había dado unos pocos pasos por el cuarto cuando oyó la voz de su hermano.
– ¿Adónde vas?
- ¿Qué?
La voz de su hermano sonó otra vez fríamente:
– He dicho que adónde piensas que vas.
- A beber un trago de agua.
– Pero no tienes sed.
- Sí, sí, tengo sed.
- No, no tienes sed.
El capitán John Black echó a correr por el cuarto. Gritó, gritó dos veces.
Nunca llegó a la puerta.“
…

